lunes, abril 10, 2006

aforismo[s]

¿Qué es una ciudad si no la realización fallida de deseos humanos? No es otra cosa que la aspiración de lugares limpios y bien iluminados. Es el esfuerzo más auténtico del homo sapiens por ser artificial.
Imaginar a los primeros hombres en cuevas, con hambre, ansiando la luz del día siguiente ¿No seguimos siendo los mismos? El progreso no existe, es un sofisma, un mal consuelo, en el mejor de los casos.
Disfrutemos lo humano: ¿Quién suelta la primera carcajada?

domingo, abril 02, 2006

página

¿En qué lugar estoy? ¿Quiénes me rodean? Qué extraño es todo esto. Estoy Aquí. Quiero hablar de las paredes, del suelo, de los mosaicos y las ventanas. Quiero decir que hay puertas que se abren y gente que cruza los umbrales. Una escalera, la copa de un árbol inquieto por el aire. Quiero decir que estoy aquí, que yo soy esto.
Dios mío... estoy aquí.
¿Soy el único que lo nota? No me refiero a mi propia existencia, sino a estos seres que hablan, se ríen, se besan, se mienten; hablo de esas piernas que avanzan cíclicamente, sincronizadas con el movimiento de los brazos.
Quiero decir que estoy y estoy triste, así de fácil.

martes, febrero 28, 2006

the cristal ship

El faro de oriente, en la delegación iztapalapa. Un centro de cultura gubernamental con talleres infantiles. Vagaba por los pasillos del lugar y me llamó la atención la música de the doors que provenía de alguna parte de un pequeño auditorio. Dentro, sobre el escenario, niños y niñas de unos siete años se estiraban, calentaban, estaban vestidos a la usanza del ballet.

Había tal comunión entre la música y la sucesión de los hechos que observaba que se diría que la melodía estaba compuesta únicamente para ese fin.

The cristal ship, el barco de cristal.

Pensé que Morrison se habría sentido feliz de haber visto aquello.

El faro está construido con la idea de semejar un barco, instalado en una de las zonas más populosas de la ciudad, no hay mar que lo rodee, sólo envases de plástico de refrescos, bolsas de frituras, pañales desechables y otros desperdicios humanos lo rodean.

Morrison no sabe, no puede saberlo, que una de sus canciones fue compuesta únicamente para que infantes en un barco de concreto, encallado en basura, pudieran estirarse y calentar y danzar.

Espero, en algun tiempo, en un espacio que no conozco, una de mis frases, al menos, se instale en la vida de otro ser humano. Una frase escrita para eso.

Nada más.

domingo, febrero 12, 2006

papanatas

Siempre he considerado a la vergüenza entre los tres o cuatro sentimientos más humanos (pienso, además, en el asco, la lástima y la esperanza).
La actitud de los críticos es parecida a la de aquellos insolentes que levantan la mano en plena función queriendo desenmascarar al mago y sus secretos: "Oigan todos, el sombrero tiene doble fondo, la manga tiene tal dispositivo".
De la misma manera los papanatas de los críticos creen descubrir en la obra de arte un mensaje oculto, una trampa para engañar al receptor. Su lectura es superficial porque olvidan que el todo es mayor a la suma de sus partes. Dicho de otro modo, la magia, es el producto de algo más que un hombre que saca un conejo de un sombrero con doble fondo.
Lectura superficial porque descomponen el universo que el artista ha construido para darle una lectura parcial y dirigida; es frecuente escuchar de los infelices frases como esta: "Con un manejo envidiable del lenguaje, Fulano de Tal, revoluciona la narrativa contemporánea, al grado de instalarse entre los más grandes de los escritores de nuestra lengua".
Demonios.
Y me avergüenzo de mí, de la elaboración de mi tesis, en la que debo mantener un tono académico y reductivo.
He levantado la mano torpemente, inútilmente, para revelar en donde está lo secreto de una novela del siglo XIX.
Y por un título universitario.

jueves, febrero 02, 2006

pasos, ganchos, arte, hormigas y un individuo que nació para decir


Quietos los pasos, en algún punto la pierna tiembla, imperceptiblemente. No, no es miedo a levantarse. O tal vez sí, a que el camino no tenga otroi lugar en donde descansar.

Vamos a decirlo pronto: las letras es un camino sin retorno. Las letras, el arte, es un estado mental, del que uno no se desprende nunca...
... Aun sentado, con un artefacto extraño que pretende decirnos cómo eran las cosas al momento de apretar el botón.
Estoy trabajando, temblando... y quiero decir que el camino que se abre ante mis ojos está lleno de ganchos de tinta sostenidos por un punto.

Pero quiero decir.

Yo nací para decir.

Y si de vez en cuando me detengo al borde del camino es porque quiero observar la vida corriente de una colonia de hormigas.

martes, enero 24, 2006

cronometro

"Viajar en el metro es como estar metido en un reloj"
Una frase perdida en "El perseguidor" de Cortázar

El metro es un lugar fuera del tiempo. Una especie de limbo cuyos plazos jamás se cumplen. Un lugar de eterna espera.
Si el tiempo humano surge a través de la observación del sol y de la luna en el firmamento, de la luz y la sombra, entonces el metro ha venido a clausurar el tiempo, detenido eternamente por la luz artificial de las lámparas, soles cilíndricos. El tiempo no pasa porque siempre hay alguien esperando detrás de una línea amarilla; no hay tiempo, sólo la concatenación de hechos absurdos (carentes absolutamente de evolución): rascarse la cabeza, llevarse la mano a los bolsillos, bostezar...
Presiento que el metro es una máquina del tiempo fallida a causa de no sé qué tornillo mal colocado; ha sido imposible transportarse a otras épocas, no así a otros espacios (que se repiten sin fin: escaleras, pasillos, recovecos en donde el polvo que se almacena nos hace recordar que hay una palabra llamada tiempo) casi inútilmente.
Apenas el hombre ha podido oprimir el botón de pausa en lo que concierne al tiempo. Tal vez estemos asistiendo a la cancelación del futuro.

lunes, enero 16, 2006

palabra

Se está forjando la palabra, en pequeñas gotas de vida, a pequeños pasos sobre la banqueta, a punto de cruzar la avenida.

Se siente la palabra, en alguna parte.

jueves, diciembre 22, 2005

difusa


que gire, se tuerza, aparezca en la punta de una torre que baila, recargada en la puerta del sistema ferroviario de un país meláncólico. Una novela o cuento, un personaje que vea la vida a través de lo que no tiene, de la aspiración. Una novela pastelosa, que tienda al pathos. Que dé dos vueltas en el aire, una machincuepa cerrando los ojos y que aplauda. Que aparezca la idea, con traje de payaso, que se le pueda ver a través de las ventanillas de un autobús semivacío -atardeciendo, con el cielo rosa azul rojo negro-, dando brincos por los camellones atestados de hierba, de lámparas del alumbrado público. Que se encierre en la pluma y trabaje y haga mover el pulgar, el índice, la mano, que gire, se tuerza.
Que se encuentre, que en el último minuto ALGO. Algodón de azúcar en una plaza concurrida, con duendes y santa closes y pequeños guiando a sus padres por entre puestos de cosas que no pueden comprarse porque no existen porque no se han inventado.
Que haya escaleras, pasillos iluminados, con ventanas y paisajes del otro lado con animales que vuelan y gorjean y hcane cosas que los humanos no pueden hacer.
Que venga la idea, que se detenga un momento, como aquellos niños que juegan a los encantados, sólo un momento.
un instante
una tecla
un cabello
¿Qué le cuesta ponerse a mirarme, quietecita?
Ey, di "chis".
Una sonrisa y si quieres hasta luego.

domingo, diciembre 11, 2005

rayueleando (ventana)

Viajando en un autobús sobre periférico sur, cuando la luz del sol debía ser suplida por focos y lámparas, el cielo rojizo y como despidiéndose; los rascacielos a uno y otro lado de la carretera, con los cristales permitiendo ver la vida íntima de oficinas, escritorios que esconden empleados y sostienen tazas de café y vapor; hoteles de cinco estrellas, automóviles último modelo y la noche que avanza como un lector asiduo sobre las páginas de una novela.
Y en la mano un libro, frente a mí otro universo, también con múltiples ventanas y focos y noches.
Le habló de todo eso la maga, que se había despertado y se acurrucaba contra él maullando soñolienta. La Maga abrió los ojos, se quedó pensando.
-Vos no podrías -dijo-. Vos pensás demasiado antes de hacer nada.
-Parto del principio de que la reflexión debe preceder a la acción, bobalina.
-Partís del principio -dijo la Maga-. Qué complicado. Vos sos como un testigo, sos el que va al museo y mira los cuadros. Quiero decir que los cuadros están ahí y vos en el museo, cerca y lejos al mismo tiempo. Yo soy un cuadro, Rocamadour es un cuadro. Etienne es un cuadro, esta pieza es un cuadro. Vos creés que estás en esta pieza pero no estás. Vos estás mirando la pieza, no estás en la pieza.
-Esta chica lo dejaría verde a Santo Tomás -dijo Oliveira.
-¿Por qué Santo Tomás? -dijo la Maga-. ¿Ese idiota que quería ver para creer?
-Sí, querida -dijo Oliveira, pensando que en el fondo la Maga había embocado en el verdadero santo.
Feliz de ella que estaba dentro de la pieza, que tenía derecho de ciudad en todo lo que tocaba y convivía, pez río abajo, hoja en el árbol, nube en el cielo, imagen en el poema. Pez, hoja, nube, imagen: exactamente eso, a menos que...
¡Por Dios!¿Estoy dentro o fuera de la pieza?

graduación de pinche escritorcito





viernes, diciembre 09, 2005

jueves, diciembre 08, 2005

pinche loco

Odio a los locos, carajo, cómo los odio.
Jueves por la mañana. Viajaba en el sistema de transporte colectivo, dentro de una enorme estructura fálica que penetraba la tierra. Los rostros somnolientos de los pasajeros, los vendedores ambulantes repitiendo sin fin un mismo mensaje, rostros anónimos que no han de reencontrarse jamás.
Viajaba en una línea no muy concurrida, si se era un poco paciente se podía conseguir un asiento tranquilamente; uno casi podía tirarse un pedo sin molestar a nadie, las piernas podían estirarse. Casi diría que era confortable el viaje.
De pronto, un gemido rompió el silencio -en este contexto, llamo silencio al ruido que hacen los motores de los trenes y que la costumbre ha ido suavizando hasta apagarlo-, era un anciano que permanecía en cuclillas, recargado en la puerta.
Odio a los locos.
Los pasajeros quisimos aparentar que nada había ocurrido, que no había ningún anciano, ningún gemido, sólo el rodar de los neumáticos sobre los rieles. Pero era imposible no notarlo, no molestarse, no perder la paciencia ante ese miserable; se levantaba, gemía, babeaba, corría -anciano, sí, pero con el vigor que le daba un cerebro absolutamente transtornado- de un extremo al otro del tren. Quién sabe qué extraña tragedia, qué eterna cólera estaría representando una y otra vez en su mente.
Odio a los locos porque ante ellos estoy indefenso, porque su lógica es impredecible. Porque ante ellos no puedo ser inteligente.
Entiendo que los artistas somos parecidos a los locos, pero nuestras creaciones siempre controlan la esquizofrenia; creamos mundos paralelos, pero entendemos que es ficción, son pretextos casi siempre para referirse al mundo este, en el que nos desplazamos, soñamos, bebemos; este mundo en el que más o menos los seres humanos pueden al menos señalar al mismo árbol, al mismo automóvil, hablar de lo mismo, aunque cada quien llegue a conclusiones distintas y hasta encontradas.
Pero los locos no.
Odio a los locos porque hacen cimbrar los conceptos con los que con tanto ahínco el hombre ha levantado monumentos, ciudades y naciones.
El pinche anciano loco se bajó dos estaciones antes que yo, y, por fin, pude suspirar tranquilo porque el mundo, las cosas, habían vuelto a su cauce normal y lógico. La razón había vencido.

jueves, noviembre 24, 2005

sumir las teclas

con prisa, con algo de crueldad, que truenen, que hagan click, madreemos el teclado, que necesitemos lápices, que también le quebremos la punta, que el grafito no soporte el peso de nuestras miserias, nuestras pasiones, de nosotros, pues.
Que necesitemos la sangre, que sea nuestra tinta.
Que se nos quiebren las uñas, las falanges.
Peripatéticos, de aquí para allá, enemigos del reposo, que las suelas de los zapatos se gasten, que la erosión continúe por los talones, los tobillos, muñones, metáforas absurdas de la escritura.
Como reptiles, arrastrémonos, con las torpes extremidades que, si todo sale bien, también se harán polvo con la fricción en los poros del asfalto.
Que quede la cabeza sola, rodando, parpadeando de vez en cuando los ojos, que se irán abriendo a la oscuridad.
Consérvese el sentido del oído para capturar la voz que acaso diga: en paz descanse.
Y, si aún se tiene fuerza, piénsese en el punto final.

paisaje urbano

¿Habrá algo más roto que un perro con la pata triste?

a brincos, con aberrante ritmo, cruza la calle

sábado, noviembre 12, 2005

planeta inodoro (reporte)



Y una vez que hube de aterrizar en este planeta (cuyo nombre es impronunciable por los medios humanos, por ende lo he bautizado como "planeta inodoro") me encontré con seres que semejaban excrementos, no sólo en la forma que teían sus cuerpos, sino en la pestilencia que a su paso iban dejando. De igual manera mi olor les resultó desagradable, a pesar de haberme rociado con las mejores fragancias que traje de la tierra. Y también hay otra clase de seres cuya consistencia es líquida y que desprenden un olor a orines apenas soportable con el más alto sentido de la diplomacia.
Estos seres dominaban el planeta y se extendían por casi todalageografía
Lo que uno puede encontrar en mayor número son unas especies de mingitorios e inodoros, en los cuales estos seres descansan.
Sus mascotas son unos seres muy parecidos a las moscas terrestres, y se dice, en este lugar, que son los mejores amigos.
A mi llegada, los habitantes corrieron no tanto con miedo como con asco, ya que la apariencia humana resulta muy cercana a la de sus deyecciones. Poco después llegó una comitiva diplomática que me llevó a conocer no sólo sus usos y costumbres, sino sus grandes palacios (de mosaico, material más apreciado, al que se le atribuye la categoria de lo sagrado) y monumentos.
En la foto aparezco segundos despues de aterrizar, en una plaza dedicada al descanso.